Mina Remance en San Francisco, vuelve a encender las alarmas.

 

Han transcurrido veintisiete años desde el cierre de la antigua Mina Remance, en el distrito de San Francisco de la provincia de Veraguas, pero las preocupaciones ambientales que dejó aquella actividad minera vuelven a resurgir luego del terremoto registrado el pasado 9 de octubre.

 

 

La incertidumbre de los moradores se debe a que, un día después del fuerte movimiento sísmico, se registró un deslizamiento cerca de una de las tinas de relave existente en aquellos años mineros, por lo que se percataron de corrientes de agua turbia y con fuertes olores en al menos dos quebradas conocidas como Veneno y La Máquina, que son los afluentes qué abastecen de agua a la comunidad de La Gorda y áreas aledañas.

 

Alicia Hernández, habitante de La Gorda, manifestó que esta situación puso en alerta a los residentes ante la posibilidad de que materiales o sustancias provenientes de los antiguos depósitos mineros hubieran alcanzado las fuentes hídricas.

 

 

Esta residente señaló que mientras se aclare la información denunciada, están a la expectativa de conocer qué realmente ocurrió con las aguas que comenzaron a presentar cambios después del sismo y si existe algún riesgo para quienes dependen del agua para consumo o para otras actividades.

 

 

En tanto, otro morador, Jermán Hernández, expuso que las condiciones de los acueductos no solo afecta el consumo humano, sino también las labores agrícolas y ganaderas de la región que también dependen de las tomas de agua que sufrieron.

 

El Ministerio de Ambiente (MiAMBIENTE), en un comunicado informó que ya se realizó una inspección técnica en el área, particularmente en la comunidad de La Gorda, donde el terremoto provocó este deslizamiento.

 

 

Según la entidad, durante la inspección fueron tomadas muestras de suelo y agua para determinar las condiciones ambientales del lugar, resultados que podrían conocerse en un lapso de quince días.

 

Por su parte, el Ministerio de Comercio e Industrias (MICI), también han realizado una supervicion técnica y se mantendrá un monitoreo constante ya que se trata de una mina subterránea abandonada.

 

 

La antigua Mina Remance desarrolló su última etapa de explotación entre 1989 y 1999, aunque dejó de operar hace 27 años, en el sitio permanecen estructuras y depósitos de residuos mineros, conocidos como relaves, que requieren vigilancia por factores como la erosión, el arrastre de sedimentos y la estabilidad física de estos materiales.

 

La preocupación adquiere mayor fuerza debido a que esta cuenca constituye una fuente importante de abastecimiento de agua para las plantas potabilizadoras de San Francisco y Santiago.

 

 

Mientras tanto, de manera preventiva las autoridades han recomendado evitar el consumo de agua, hasta que concluya los análisis de laboratorio, donde se les está suministrando agua embotellada.

 

 

El corregimiento de Remance tiene alrededor de diesiocho comunidades donde alrededor de ochos dependen de las turbinas comunitarias cercanas a la mina, con más de 3 mil habitantes.